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lunes, 12 de marzo de 2012

Cine 3D

Introducción

 Por más que el fenómeno del Cine 3D nos resulte una innovación, la inquietud de un cine que pudiese reproducir las imágenes tal cual son visualizadas por el ojo humano fue inminente. La Historia del cine data que, después del surgimiento de este medio (en 1895 con la primera proyección pública paga de la mano de los Hermanos Lumière), se comenzó a plantear la posibilidad de dotar a este nuevo gran espectáculo con la tercera dimensión para que se hiciera más real. Se sabía que el cerebro creaba la sensación de tridimensionalidad sumando las dos imágenes que recibía a través del ojo izquierdo y del derecho. Lo que faltaba, era crear una solución técnica que permitiera proyectar esas dos imágenes de forma separada para que el cerebro las uniera.

 Orígenes

 Entre 1890 y 1920 se hicieron diferentes pruebas de sistemas cinematográficos en 3D, pero ninguno tuvo éxito por su complejo mecanismo. Los pioneros en esta nueva rama del cine fueron, principalmente, William Frieese-Greene, Frederick Eugene Ives, Edwin S. Porter y William E. Waden.
 En 1922 llegó el primer largometraje en 3D a las salas comerciales de Los Ángeles. El productor Harry K. Fairall y el camarógrafo Robert F. Elder, utilizaron el método de la doble proyección a partir de dos tiras de celuloide, separando la imagen mediante los colores rojo y verde; donde cada color era captado sólo por uno de los ojos, mediante unas gafas con cristales rojo y verde. La película “The Power of Love” no tuvo ningún éxito pero fue el verdadero inicio del interés real por la cinematografía en 3D. Con la caída de Wall Street en 1929, el desarrollo del cine tridimensional se detuvo.
 La Alemania Nazi ya utilizaba este formato de 3D para el Ministerio de Propaganda de Joseph Goebbels. 
Hubo que esperar hasta 1934. Año en que la Metro Golden Mayer presentó algunos cortos rodados en 3D y que tuvieron bastante éxito. En Europa, Louis Lumière presentó su famoso film “Llegada del tren” en un cine 3D, vuelta a rodar con una cámara estereoscópica. El cine tridimensional ya se había introducido en la sociedad.
 Lo que faltaba, era la llegada del color. Aunque todas las películas en 3D se rodaban en color, el paso a la separación en colores rojo y verde (anaglifo) hacía que los espectadores obtuvieran una imagen en blanco y negro. La llegada de los filtros polarizados patentados por Polaroid supuso un gran cambio, ya que no sólo era posible revelar las películas en color sino que se sustituía el uso de las gafas con cristales de color rojo y verde por otras con filtros polarizados de Polaroid, que permitían ver los colores. El inconveniente de este sistema es que se proyectaba con dos proyectores simultáneamente sobre la misma pantalla, por lo que era difícil mantener la sincronización; cualquier reparación en una de las cintas debía repetirse en la otra. Además requería dos operadores en vez de uno y una pantalla especial, metálica para que mantuviera la polarización, que en una pantalla normal se perdería.
 En los años sesenta hubo estrenos ocasionales de películas en 3D, pero fue Arch Oboler quien se encargaría de su nuevo resurgimiento creando el nuevo sistema Space-Vision 3D que imprimía dos imágenes superpuestas en una sola tira de película y que permitía utilizar un único proyector equipado con una lente especial.
 En 1970, la marca Stereo-Vision desarrolló otro sistema, en el que las imágenes eran comprimidas una al lado de la otra sobre una misma tira de película de 35 mm y proyectadas mediante una lente anamórfica a través de filtros Polaroid. Con este sistema se eliminaba el peligro de la desincronización.
 En los años ochenta, el formato IMAX supuso un nuevo despegue del cine en 3D, pero no duró mucho tiempo. En los inicios del nuevo milenio, el director James Cameron dio nueva vida a este formato con la película 'Ghosts of the Abyss’, el primer largometraje en editarse en formato 3D-IMAX en 2003.

 Actualidad

 En la actualidad, el Cine 3D está teniendo muchísima repercusión. Muchas de las películas que se estrenan actualmente lo hacen en formato 3D las cuáles atraen al público y logran recaudar más dinero que en el formato de siempre.


Escrito por: Alberto Olaya

BIBLIOGRAFIA
 http://www.fayerwayer.com/2011/02/los-nazis-hacian-peliculas-3d-en-1930/
 http://www.xataka.com/otros/historia-del-cine-3d
 Wikipedia
 http://www.imdb.com/

El cine Estadounidense contemporáneo

Se podría denominar como el período de cine contemporáneo en Estados Unidos a la parte que comprende desde finales de los años 70s hasta nuestros días. Incluso, desde finales de los años 60s, los cambios existentes pueden verse como el comienzo de un nuevo período, que más adelante se irá consolidando hasta nuestros días.

A fines de la década de los 60s, muchos productores adquirieron otro estilo, los directores se adentraron plenamente en el negocio audiovisual, apareció el ‘cine independiente’ con nuevas ideas y rompiendo con censuras y esquemas que habían hasta el momento (teniendo este estilo de cine un nuevo empujón en los 80s y 90s, nombrándose también como ‘cine de autor’), los actores subieron su caché, y la aparición del vídeo ofreció otra alternativa de comercialización además del ya existente cine y TV. La tecnología avanzó de forma vertiginosa, revolucionando el
concepto creativo cinematográfico del momento, llegándose, a finales del siglo XX, a rodar películas en vídeo digital. Y no es el único cambio percibido, sino que también se puede encontrar la mejora en la reproducción del sonido en salas, mejoras sobre todo en el cine de animación, y nuevos productos como el cine en avanzado 3D, para atraer al espectador al cine nuevamente.

A partir de 1975, el cine estadounidense entra de lleno en la nueva era que va a estar dominada por la rentabilidad inmediata en taquilla de una película. La industria cinematográfica va a estar pendiente y sujeta a las ventas de entradas en el primer fin de semana de estreno. Esta nueva idea del negocio es consolidada por George Lucas y su película “La Guerra de las Galaxias” (1977), la cual fuera todo un fenómeno cinematográfico, y a posteriori un fenómeno también sociológico y de mercadotecnia.

George Lucas 
En este sentido, también se encuentra el éxito de “Titanic” (1997), de James Cameron, “The Matrix” (1999), de Larry y Andy Wachowski, “El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo (2001), de Peter Jackson, y “Harry Potter y la Piedra Filosofal” (2001), de Chris Columbus. De todos modos, estos grandes éxitos, no pueden ocultar otros fracasos, donde quizás los más notorios han sido los de “La Puerta del Cielo” (1980), de Michael Cimino, y “Waterworld, el Mundo del Agua” (1995), de Kevin Reynolds.
En cuanto a los directores de este periodo, además de Steven Spielberg, encontramos directores clásicos de la talla de Billy Wilder o Robert Altman, y otros intermedios como Francis Ford Coppola, Woody Allen o Clint Eastwood, quienes, en parte, le dan paso a otros más jóvenes e innovadores como Jim Jarmusch, Tim Burton, Steven Soderbergh y los hermanos Cohen. Muchos de estos, le dan entrada a actores como Tom Cruise, Julia Roberts, Jodie Foster, Kevin Costner, Arnold Schwarzenegger, Harrison Ford, Sylvester Stallone, Sharon Stone, Brad Pitt, Bridget Fonda o George Clooney, y muchos más, quienes luego se transformaran en las nuevas estrellas, siguiendo en parte con la nueva versión del modelo anterior del Star-System.
Steven Spielberg
El cine de la última parte del siglo XX fue básicamente espectáculo, producciones que supieron aprovechar las obras de Steven Spielberg y su éxito. Este espectáculo estuvo vinculado a historias catastróficas como “Aeropuerto” (1970) y “Armageddon” (1998), cine de terror y actividad paranormal como “El Exorcista” (1973), “Poltergeist” (1982), “Sexto Sentido” (1999), y “Proyecto de la Bruja de Blair” (1999), entre otros. También estuvo vinculado al cine histórico, bélico y político, con obras como “Apocalypse Now” (1979) y “Black Hawk Down” (2002), y hasta comedias de varios géneros como “Aterriza como puedas” (1980), “Loca Academia de Policías” (1984), “Solo en Casa” (1990), “Algo Pasa con Mary” (1998), y “El Diario de Bridget Jones” (2001), por nombrar algunas. No hay que olvidarse tampoco del cine de animación, que sigue en auge entrado el siglo XXI y en parte gracias a nuevas técnicas que continúan avanzando, como es el caso de “Toy Story” (1995), “Antz”/”Hormigaz” (1998), “Shrek” (2001) y “Ice Age” (2002). Además, toda la nueva tecnología, permite realizar a través de ordenador las nuevas producciones de animación que abordan diversos Estudios como Disney, Fox, Pixar, y Dreamworks, entre otros.

Luego, muchos temas cotidianos y de actualidad se convierten en historias que se construyen para el cine. También, las nuevas tecnologías y los nuevos hábitos de consumo, conducen a que el mundo del audiovisual indague y cree a partir de todo lo que tiene que ver con la electrónica, la realidad virtual, la televisión, Internet y el mundo del videojuego, para no quedarse por detrás de estas.

En lo que al cine en 3D respecta, parece algo muy nuevo, pero en realidad se viene trabajando en ello desde el comienzo del cine como tal.

Podríamos situar a la primera película en 3D proyectada en cine comercial en el año 1922, con la obra “The Power of Love”. Más tarde, en la década de los años 50s, encontramos la primera proyección a color con “Bwana Devil”.

Varios han sido los sistemas para lograr este efecto, y hasta el día de hoy sigue perfeccionándose, pero se pueden considerar como los sistemas avanzados a ‘Space-Vision 3D’, de antes de 1970 y creado por Arch Oboler, e ‘IMAX 3D’ de los años 80s.
La primera película proyectada en ‘IMAX 3D’ fue “Space Station” (2002), aunque el verdadero ‘boom’ comercial en ‘IMAX 3D’ fue “The Polar Express” (2004), un año después de que Cameron realizara el largometraje “Ghosts of the Abyss” (2003) en formato ‘IMAX 3D’. A partir de entonces, se han estrenado muchas obras de cine en 3D, con las películas de animación como principales protagonistas. El más mediático ha sido “Avatar” (2009), toda una experiencia de cine 3D bien realizado, que ya se dice que ha marcado un antes y después en el mundo del cine.
Otro aspecto interesante es el sonido en cine, encargándose mayormente del mismo la empresa Dolby Laboratories INC. desde la década de los 70s.
La primera película con sonido Dolby fue “La Naranja Mecánica” (1971), y la primera película en Dolby Stereo Digital fue “Batman Returns” (1992). Existen varias versiones del sistema Dolby, y siguen buscando perfeccionar ese sonido envolvente y espectacular que hay hoy en día. Este sistema también ha llegado a los DVDs y a la transmisión de TV en Alta Definición.

Hasta hoy en día se sigue trabajando en perfeccionar todos los nuevos sistemas, tanto en la parte visual como en la parte sonora, pero hay mucha gente que cree que la parte creativa de los últimos tiempos ha muerto hace bastante tiempo. Hay quienes consideran que Estados Unidos ya se ha quedado sin ideas, y lo ven visible en la creación de muchos ‘re-makes’, y adaptaciones suyas de películas de fuera de su territorio, como también de adaptaciones de obras literarias, además de que en muchos casos, por más que sea una obra nueva, la historia siempre es la misma. Solamente algunos casos aislados, logran sorprender con lo que ofrecen, pero de ahora en más, nunca se sabe.

Escrito por: Hugo Federico Mendoza

BIBLIOGRAFIA:
http://recursos.cnice.mec.es/media/cine/bloque1/pag15.html
http://www.xataka.com/otros/historia-del-cine-3d

Apuntes propios (Ciclo Producción 2009-2011)

Datos fechas:
Wikipedia
http://www.imdb.com/



El cine Europeo contemporáneo



INTRODUCCION

Hay una Gran evolución en el cine europeo por parte de cada director que busca proseguir con su carrera artística. En Italia el cine esta en manos de nombres como Luchino Visconti, el cine en Alemania cuenta historias de conquistas, de la sociedad y del ser humano, en Inglaterra el cine se apoya en los trabajos de veteranos como Stanley Kubrick.  Del resto de cinematografías, junto con el movimiento Dogme 95 impulsado por Lars von Trier (Rompiendo las olas, 1996) y otros cineastas daneses, que no lograron ocultar el acierto de películas como El festín de Babette (1987), de Gabriel Axel, o Pelle el conquistador (1988), de Bille August, se puede decir que son autores únicos.

DESAROLLO



Pasados los años setenta, hay una evolución en el cine europeo gracias a los artistas, en su mayor parte directores que hacen proyectos individuales, siguiendo con su carrera y sin hacer caso de los contras que se les presentasen en el camino. No se puede decir que cada cinematografía tenga unas señas de identidad como grupo; existen proyectos singulares, rutinarios, originales, provocadores, insulsos, pretenciosos y aburridos. En europa, se sigue accediendo a las salas de cine para ver películas fundamentalmente estadounidenses, aunque en Francia hay un auge del cine natal, gracias a la financiación que se da a la empresa cinematográfica. El resto de las empresas dedicadas al cine, buscan seguir produciendo el poco tiempo que les queda, con las ayudas recibidas gracias a las Administraciones nacionales y los fondos europeos.
El cine italiano corre a cargo de directores como Luchino Visconti, Federico Fellini, Pier Paolo Pasolini, aunque otros artista empiezan a innovar gracias a su ideología y cultura, sacando obras como El conformista (1970) y Novecento (1976), de Bernardo Bertolucci, El árbol de los zuecos (1974), de Ermanno Olmi, Cinema Paradiso (1989), de Giuseppe Tornatore, y el trabajo de Roberto Benigni La vida es bella (1998). Bertolucci apuesta por un cine mas estilo Hollywood alcanzando con El último emperador (1987) uno de sus momentos más brillantes, película que recibió 9 Oscar de la Academia.


En Alemania, cogiern el relevo la generación intermedia, en la que se encontraban: Werner Herzog dirige Aguirre o la cólera de Dios (1973), excepcional relato sobre la época de conquistas. Rainer W. Fassbinder, corrosivo analista de la sociedad alemana y del ser humano, firma películas como La ley del más fuerte (1974) y La ansiedad de Verónica Voss (1981). La personalidad de Wim Wenders crece en círculos de cinefilia de todo el mundo tras la proyección de Alicia en las ciudades (1973), El amigo americano (1977), Cielo sobre Berlín (1987). Mientras que Volker Schlöndorff muestra su madurez en El tambor de hojalata (1979), pasando después a trabajar en el cine estadounidense.

En Inglaterra, se apoya el cine de Stanley Kubrick (La naranja mecánica, 1971; El resplandor, 1980) y Charles Crichton (Un pez llamado Wanda, 1988), para dar en los ochenta a una de las décadas más brillantes de dicha cinematografía con Carros de fuego (1981), de Hugh Hudson, y Gandhi (1982), de Richard Attenborough, entre otras, estela que continuarían producciones como Cuatro bodas y un funeral (1994), de Mike Newell, y Secretos y mentiras (1996), de Mike Leight. Surge un cine de realismo social impulsado por Ken Loach (Agenda oculta, 1990; Lloviendo piedras, 1993; La cuadrilla, 2001), Stephen Frears (Mi hermosa lavandería, 1985; Café irlandés, 1993) y Jim Sheridan (En el nombre del padre, 1993), y el éxito comercial de todos los tiempos fue Full Monty (1997), de Peter Cattaneo.

En el cine francés, junto con los François Truffaut (La mujer de al lado, 1981), Louis Malle (Adiós muchachos, 1987), sigue muy activo Claude Chabrol (Inocentes con manos sucias, 1974; Un asunto de mujeres, 1988; No va más, 1997) y Bertrand Tavernier (Hoy empieza todo, 1999), e irrumpen con fuerza Robert Guédiguian (De todo corazón, 1998) y los hermanos Luc y Jean Dardenne (Roseta, 1999) y Jean-Pierre Jeunet (Amélie, 2001).

Del resto de cinematografías, junto con el movimiento Dogme 95 impulsado por Lars von Trier (Rompiendo las olas, 1996) y otros cineastas daneses, que no lograron ocultar el acierto de películas como El festín de Babette (1987), de Gabriel Axel, o Pelle el conquistador (1988), de Bille August, se puede decir que son autores únicos (como el griego Theo Angelopoulos, el portugués Manoel de Oliveira, los filandeses Aki y Mika Kaurismäki, el iraní Abbas Kiarostami, etc.) los que defendidos por la crítica internacional de cinéfilos y arropados por un sin fin de premios en los festivales más importantes, llegan con frecuencia a ciertas salas europeas para ser disfrutados por el público interesado en otras historias y maneras de narrar.



Escrito por: Daniel Valdemoro González



BIBLIOGRAFIA

-Wikipedia
-Gran Enciclopedia Universal
  - Mutaciones del Cine Contemporáneo  




El cine Estadounidense de los años 60

Época de Cambios
La creciente importancia de la televisión había llevado a los estudios de Hollywood a experimentar con diversas modalidades de pantalla ancha para combatir el nuevo medio, pero la naturaleza de las películas no había cambiado significativamente.

A comienzos de los 60, Doris Day seguía siendo la novia de América. Pero a finales de la década la estrella de la Day se había eclipsado casi del todo, viéndose ensombrecida por el nuevo estilo de películas ejemplificado por Buscando mi destino (Easy Raider ) y Grupo salvaje ( The Wild Bunch, ambas de 1969 ).

Uno de los elementos que más contribuyó a acelerar el inevitable cambio en " la fábrica de sueños " fue la muerte o el retiro de numerosas figuras clave de la era dorada de la industria cinematográfica americana. Sam Goldwyn había dejado de producir películas; y la MGM, empezó a declinar a finales de los 60; la Universal se centró en la televisión y en la industria turística, mientras que la Paramount buscó refugio en los brazos del grupo de compañías Gulf and Western; por su lado la Warner Bros se vio absorbida por el grupo Kinney. La United Artist, que había comenzado a existir como consecuencia del intento de cuatro cineastas independientes de liberarse de las interferencias de los grandes estudios, paradójicamente se salvó sólo gracias a la protección de la Transamérica Corporation. Si hubo una película de los años 60 que simbolizó el fin del viejo Hollywood fue Cleopatra (1963), cuyos costes ascendieron finalmente a 40 millones de dólares. Cleopatra fue un glorioso canto de cisne del viejo Hollywood, al igual que su estrella, Elizabeth Taylor, fue uno de los últimos grandes mitos fabricados por los grandes estudios. Tras el relativo fracaso de Cleopatra, los enormes rendimientos en taquilla de títulos tales como Bonnie y Clyde y El graduado, ambas de 1967, confirmaron a la industria americana del cine que los triunfos estaban cambiando de manera irreversible.

Tanto Bonnie y Clyde como El graduado eran obra de actores y directores formados más en el mundo del teatro de Nueva York que en el cine de Hollywood.

En la década de los 60, los profesionales de la televisión fueron reemplazando poco a poco a los de Broadway o a los formados en los grandes estudios como nueva cancha de guionistas y directores de talento para Hollywood. Esto no quiere decir que los talentos autóctonos de Hollywood desaparecieran en la década de los 60. Pero apenas surgieron nombres nuevos. En la década de los 60 también comenzaron a desaparecer los musicales cinematográficos en la tradición de Sombrero de copa (1935) y Cantando bajo la lluvia (1952). Los pocos musicales que se rodaron durante este período fueron por lo general adaptaciones de obras que habían tenido
previamente éxito en Broadway. La figura cinematográfica clave de la época fue probablemente James Bond. Los costes de las películas de la serie se hicieron cada vez mayores; también se alejaron cada vez más de las novelas originales. Su éxito dio lugar a toda una serie de imitaciones. Este éxito hizo que en el género de espionaje se pusiera más énfasis en la evasión que en el realismo. A finales de los 60 estaba ya claro que las películas más taquilleras eran las que atraían a los espectadores jóvenes. En el año 1969 se produjo la aparición de toda una serie de películas que demostraban la fuerza de esta nueva tendencia. Buscando mi destino, consiguió
enormes beneficios. Grupo salvaje parecía sugerir que la violencia, artísticamente mostrada, podía tener también éxito comercial, y Dos hombres y un destino confirmó la sospecha de que, aunque los jóvenes podían despreciar a los viejos mitos, necesitaban urgentemente otros nuevos.


New American Cinema (Cine Underground Americano)
En los EEUU, a partir de la década de los60, la nueva generación de directores se forman en la televisión. Se trata de unos cuantos cineastas inquietos por hacer un nuevo cine narrativamente más independiente que el producido tradicionalmente por Hollywood; directores como Cassavettes, Lumet, Mulligan, Penn o Nichols.

Con figuras como Andy Warhol que tuvo una influencia importante en esa época. Tras el polémico estreno de Kiss (1963), Warhol rodó Sleep (1963), un largometraje de seis horas que mostraba el sueño de un hombre. A los desaforados planteamientos de este creador se fue sumando un conjunto de colaboradores que lo acompañaron en sus nuevas creaciones. Figuraban entre ellos Candy Darling, Joe Dallesandro, Holly Woodlawn y Jackie Curtis. Asimismo, colaboró con Warhol el músico Lou Reed, presente en títulos como The Velvet Underground and Nico (1966).

Muchos de ellos operaron desde Nueva York y crearon el cine underground, anti comercial, antihollywood y de vanguardia. Paralelamente, algunos géneros que requieren grandes inversiones, como las superproducciones o los musicales, ofrecen sus últimas grandes muestras.

El Nuevo Hollywood y el Cine Post-clásico

«Nuevo Hollywood» es un término utilizado para describir la aparición de una nueva generación de directores educados en escuelas de cine y que han absorbido las técnicas creadas en Europa en la década de los 60. Directores como Francis Ford Coppola, George Lucas, Brian de Palma, Martin Scorsese, y Steven Spielberg llegaron para crear productos que rindiesen homenaje a la historia del cine e innovar sobre los géneros y técnicas ya existentes. Al principio de la década de los 70, sus películas fueron a la vez alabadas por la crítica y exitosas comercialmente. Mientras
las primeras películas del «nuevo Hollywood» como Bonnie y Clyde y Easy Rider habían sido relativos affairs de bajo presupuesto con héroes amorales y una sexualidad y violencia incrementadas, el enorme éxito cosechado por Coppola, Spielberg y Lucas con El padrino, Tiburón, y La guerra de las Galaxias, respectivamente ayudaron a establecer el concepto moderno de "cine comercial" o mainstream, y llevaron a los estudios a enfocar más seriamente sus esfuerzos en intentar producir grandes éxitos.

«Cine post-clásico» es un término utilizado para describir al período que prosiguió al declive del sistema de estudio en los 50 y 60 y el final del código de producción. Está marcado por una gran tendencia a dramatizar cosas como la sexualidad y la violencia.

«Cine post-clásico» es un término utilizado para describir los cambios narrativos en el nuevo Hollywood. Se argumenta que las nuevas aproximaciones al drama y la caracterización jugaron con la expectación de la audiencia adquirida en el período clásico: la cronología se cruzaría, los guiones presentarían "finales inesperados" y las líneas que separan al antagonista y protagonista estarían difuminadas. Las raíces de la narración post-clásica según Ángel Faretta están en el momento de auto-conciencia del cine, a partir de la película de Orson Wells, Citizen Kane, donde por primera vez el cine "se contempla a si mismo". Otros declaran que el quiebre podría estar en
el cine negro, en Rebelde sin causa (1955), y en la rompedora y atípica película de Hitchcock Psicosis.

Los géneros todavía conservan la esencia que les ha definido como tales. Las comedias tienen de protagonistas a Rock Hudson y Doris Day (Un pijama para dos, 1962, de Delbert Mann), a Peter Sellers (El guateque, 1968, de Blake Edwards) y, especialmente, a Jerry Lewis (Lío en los grandes almacenes y El profesor Chiflado, 1963, de Frank Thaslin y el propio Lewis), aunque la presencia del maestro Billy Wilder sigue marcando las diferencias (El apartamento, 1960, con Jack Lemmon; Uno, dos, tres, 1961, con James Cagney) El musical aborda temas relacionados con el mundo juvenil y familiar (West Side Story, 1961; Sonrisas y lágrimas, 1965, de Robert Wise) y comienzan a surgir con más frecuencia —antes ya había pasado con Elvis Presley- las películas que aprovechan el tirón popular de los nuevos grupos musicales jóvenes, como los Beatles, para producir historias como ¡Qué noche la de aquel día! (1964), de Richard Lester.

El cine de terror alcanzó algunos de sus momentos más memorables con películas como Psicosis (1960) y Los pájaros (1963), de Alfred Hitchcock, Repulsión (1965) y La semilla del diablo (1968), de Roman Polanski, y La noche de los muertos vivientes (1968), de George A. Romero. El western continúa dando historia con gran fuerza y efectividad como Los siete magníficos (1960), de John Sturges, y El hombre que mató a Liberty Balance (1962), de John Ford.

No obstante, la reflexión sobre el hombre en el más amplio sentido de la palabra se impone en trabajos tan diversos temáticamente como El prestamista (1965), de Sydney Lumet, La jauría humana (1966), de Arthur Penn, Danzad, danzad, malditos (1969) , de Sydney Pollack. Las nuevas vías creativas, desde un ámbito independiente y solapado con las iniciativas de los grandes Estudios, quedan reflejados en varias películas que cierran la década: El graduado, de Mike Nichols, Cowboy de medianoche, de John Schlesinger, -con sendas magistrales interpretaciones de Dustin Hoffman, y Bonnie y Clyde, de Arthur Penn, y que de alguna manera permanecen en la memoria colectiva como iconos de un momento socio-cultural de gran relieve.

En cualquier caso, se consolida un cuadro artístico apoyado en actores como Jack Lemmon, Walter Matthau, Paul Newman, Robert Redford, Clint Eastwood, y actrices como Faye Dunaway, Shirley MacLaine, Barbra Streisand, entre otros, que sirven de transición entre la estrellas maduras y los jóvenes que va a irrumpir en la década siguiente.

Mucho más allá de las trayectorias personales de directores consagrados y de los nuevos creadores, se dieron otras líneas mucho más marginales que se englobaron bajo la denominación "Cine independiente americano" (el New American Cinema, el cine underground), corrientes de vanguardia que quisieron romper con las temáticas tradicionales.

La sociedad estadounidense comienza a sentir la fuerza de una generación que busca abrir nuevos caminos reivindicativos de una nueva convivencia que se proyectan en los intereses culturales, creativos y vivenciales. La industria del cine, en gran medida, también siente cómo el interés de los espectadores por las películas que produce está provocando que sus cimientos se resientan. La televisión y otros modos de entretenimiento provocan que determinadas superproducciones tengan difícil su amortización.

El cine estadounidense ya ha sentado bases en Europa, produciendo numerosas películas en Gran Bretaña, Italia y España, con actores de prestigio internacional (Doctor Zhivago, 1965, de David Lean) y los directores más representativos de la época trabajan tanto en Estados Unidos como en el Viejo Continente (John Huston, Stanley Kubrick, Orson Welles, John Schlesinger, etc.).

Siguiendo una pauta marcada en la década anterior, muchos realizadores de los años sesenta siguieron realizando producciones de bajo presupuesto y peregrinos planteamientos argumentales. Sin embargo, el cambio social favorecía otro tipo de contenidos, acordes con la era del pop.

La llamada generación de la televisión, formada por John Frankenheimer, Sidney Lumet, Martin Ritt, Robert Mulligan y Arthur Penn, entre otros, irrumpió con fuerza en el cine comercial, aunque con resultados desiguales.

Con una trayectoria más personal, destacaron Sam Peckinpah (Grupo salvaje, 1969) y Richard Brooks (Los profesionales, 1966). Mientras tanto, un genio superviviente de la edad dorada, Billy Wilder, rodaba títulos tan soberbios como El apartamento (1960), Uno, dos, tres (1961) e Irma la dulce, 1963).

El cambio social se formuló en Estados Unidos en un plano determinante: el de los derechos civiles. El antirracismo fue apoyado por Hollywood, y cobró forma en películas como la maravillosa Matar a un ruiseñor (1963), de Robert Mulligan, Adivina quién viene a cenar esta noche (1967), de Stanley Kramer, y En el calor de la noche (1967), de Norman Jewison.

Fueron los años de consolidación de una producción de serie B, que buscaba el entretenimiento a partir de una raquítica inversión. Se trata del cine impulsado, entre otros, por Roger Corman, maestro de toda una generación de profesionales, y piedra angular de la revolución que se avecinaba en el seno de la industria de Hollywood.

Fueron también los polémicos años de Confidencias a medianoche (1959), Amores con un extraño (1963), El prestamista (1965), ¿Quién teme a Virginia Woolf? (1966) y El graduado (1967). En definitiva, películas que obligaron al sector de la producción a revisar definitivamente el código de autocensura.

El cambio fue gradual pero inevitable. Llegó al público con las producciones neoyorquinas del New American Cinema de los hermanos Mekas, con las películas de John Cassavetes (Shadows, 1961), con el erotismo desmedido de Russ Meyer (El valle de las muñecas, 1967), con las extravagancias de Andy Warhol y Paul Morrisey (Flesh, 1968) y con el desencanto bohemio de Cowboy de medianoche (1969) y Buscando mi destino (1969).

Cambiando los ejes del cine de horror, Psicosis (1960) confirmó la capacidad de Hitchcock para consolidar las emociones en el espectador a partir de una soberbia puesta en escena. Lo mismo cabe decir sobre Los pájaros (1963), donde el maestro inglés apuesta por el fantástico sin perder la perspectiva realista.

En todo caso, el cine de género también se dejó llevar por las nuevas corrientes de pensamiento y por la estética reluciente del pop.

Un personaje literario, James Bond, creado por Ian Fleming, dio origen a una de las franquicias más duraderas y atrayentes de toda la historia del cine. En poco tiempo, proliferaron los imitadores del agente secreto en las cinematografías de Europa y América. Por estas fechas, el actor Sean Connery, encarnado de llevar el personaje a la pantalla, se convirtió en una celebridad.

Recurriendo a una conocida novela de H.G. Wells, El tiempo en sus manos (1960), de George Pal, ofrecía una temible imagen del futuro. Otro argumento novedoso fue el propuesto por El pueblo de los malditos (1960), de Wolf Rilla, donde los alienígenas encarnaban a su progenie a través de las mujeres de un pequeño pueblo.

Pero la verdadera revolución en el género llegó con 2001: Odisea del espacio (1968), de Stanley Kubrick. Esta aventura metafísica, plásticamente asombrosa, ofrecía una versión del desarrollo humano que tiene un claro componente religioso, si bien oculto tras la parafernalia de imágenes que conducen al espectador del los albores del hombre a su último salto en la evolución, convertido en el niño cósmico que flota en el espacio al final de la película. Por el rigor de su elaboración y la profundidad de sus contenidos, dicho largometraje fue pronto considerado ciencia-ficción para adultos, algo parecido a lo que sucedió con el film ruso Solaris (1971), de Andrei Tarkovski.

Escrito por: Alejandra González Navas y Giuseppe Marconi Jiménez

BIBLIOGRAFIA:
http://www.slideshare.net/pericon52/cine-americano-50-60
http://wazzo.tripod.com/Cine60.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Cine_de_los_Estados_Unidos
http://html.rincondelvago.com/cine-de-los-anos-60.html
http://laurafernandez8.wordpress.com/cine-independiente-americano/
http://www.ojosdepapel.com/Index.aspx?article=3120
http://www.ite.educacion.es/formacion/materiales/24/cd/bloque1/modulo5/pdf/bloque1_modulo5.pdf
http://www.accpar.org/numero5/royoux.htm
http://es.scribd.com/doc/2187633/Breve-Historia-del-cine


El cine Japones


El cine llegó a Japón tan sólo un año después de su invención y los japoneses pronto empezaron a hacer su propio cine con un denominador común el “el teatro kabuki”. Shozo Makino considerado el primer director de cine japonés, fue además, el primer cineasta nipón que rodo una película kabuki en exteriores. Finalmente el cine japonés empezó a desligarse del mundo del teatro.

      Daisuke Ito fue alumno de otro realizador Kaguro Ushanai. El 1 de Septiembre de 1973 un violento terremoto sacudió Tokio, los sensibleros melodramas que aparecieron tras el desastre tenía un encanto especial entre la triste atmosfera que envolvía la ciudad Ito fue uno de los guionistas de esos melodramas La canción del barquero.
     El diario de los viajes de Chuji fuel la explosión de los sueños y la mordacidad del joven Ito que durante muchos años había trabajado como guionista a sueldo privado de la posibilidad de elegir la trama de sus propios argumentos. Con este film el cine japonés dio a luz a su primer autor independiente.
También en esa época Teisonuke Ikinugasha, un director de la misma edad de Ito, que inicio su carrera como actor interpretando papeles femeninos, hizo dos películas de clara influencia europea. A esta etapa cinematográfica sucedía otra denominada de “tendencias”.
     Frente a una economía deteriorada, movimientos de protesta en la ciudad y en el campo y una severa represión, las películas de este género intentaban ilustrar las contradicciones e injusticias del capitalismo. Sin embargo, la censura y el opresivo clima reinante en los años previos de la guerra con china, forzaron un rápido cambio en las tendencias perseguidas.
     El cine japonés logro liberarse de los límites formales o las exigencias ideologices de retratar objetivamente los verdaderos cimientos de la sociedad japonesa, la vida del individuo del hogar, así nació la primera edad de oro del cine nipón. 
     En 1936 cuando Kenji Mizoguchi dirigió Elegía de Osaka y Las hermanas de Gion, varios oficiales intentaron dar un golpe de Estado, fue un tristemente célebre accidente del 26 de Febrero, el levantamiento fue abortado pero llevó a Japón al militarismo. No parece un hecho casual que la asociación de cineastas japoneses se formara justo la víspera del intento del golpe de Estado.
   La asociación de cineastas dio rápidos frutos, un año después de su formación Tomu Uchida dirigió Imparable avance. 1937 fue también el año en que Japón inició su cruenta guerra contra china, un acontecimiento que marcó un imparable avance hacia la destrucción. El mismo año Shadao Yamanaka dirigió su última película Humanidad y globos de papel con la muerte como tema eje.
 Yamanaka fue llamado a filas y enviado al frente en China donde murió de una enfermedad un año después a la temprana edad de 28 años. Durante este periodo los realizadores japoneses siguieron produciendo inspiradas obras a pesar de la guerra, del gobierno y de las leyes militares, que estaba no solamente acabando con la vida de los artistas si no con la del propio cine. La situación se agravó en 1939 cuando entró en vigor la ley del cine similar a la de la Alemania nazi.
Un año después se prohibió la proyección de Fundio Kamei Soldados en el frente.
 Pero dada la larga  tradición con que contaba el cine cómico en Japón, las parodias del director Kayiro Yamamoto  y el actor cómico Yanoken, hicieron furor durante este oscuro periodo.
     En diciembre de 1940 Japón incluyó a Estados Unidos, Gran Bretaña y a gran parte del resto del mundo a su lista de enemigos de guerra. Paradójicamente el director de una película concebida para una llamada al combate más que elevar el sentimiento patriótico sirvió para despertar el interés por los efectos especiales  que fueron claves para la realización de la serie Gozilla después de la guerra. Pero la película más conmovedora de todas realizadas durante la guerra El carretillero a pesar de la censura, el cual destrozó la película, emocionó al público.
     El primer film de post guerra de Akira kurosawa La juventud no siente pena, fuera una mordaz crítica contra las autoridades que gobernaban Japón durante el conflicto así como una esperanza de una vida mejor para su país después de la guerra.
     Ese mismo año y en la misma línea temática, otro director, Keizuke Kiotzita rodó la mañana de la familia Ozone. La censura aún existía, las fuerzas de ocupación había reemplazado el gobierno y a los militares. Japón se enfrentaba a la confusión social causada por el descontento popular. Pero los directores que surgieron durante la guerra  pudieron dar rienda suelta durante este periodo a sus energías, largo tiempo reprimidas, produciendo una selecta cosecha de obras cinematográficas. El premio que recibió Akira kurosawa en Venecia por Rashomon sirvió como positivo estimulo para otros directores japoneses más veteranos en el apogeo de su vigor creativo.
     En 1960 durante la época donde obreros y estudiantes rodeaban el edificio de la junta para protestar por la ampliación del tratado de seguridad entre Estados Unidos y Japón, se estrena la película Cuento cruel de juventud. Mientras que para las masas verse en el papel de victimas era algo natural, ciertos cineastas era crucial combatir esa mentalidad y buscar el camino de la libertad para el hombre por duro que fuese.
Ese mismo año el movimiento nouvelle bag francés llegó a  los estudios de Japón retirando muchas películas que se proyectaban por aquel entonces. Por otro lado, una buena parte de los títulos que estaban filmándose eran producciones independientes. Que presagiaba el auge del cine independiente y la decadencia de las grandes compañías. El technicolor llegó a Japón en la década de 1960 y también lo hace el anime.
    El sexo fue un tema tabú antes de y después de la guerra en el cine japonés. Incluso los besos estaban prohibidos en la gran pantalla pero a mediados de los 60 el interés por el cine erótico se consideraba como algo totalmente natural. En este periodo surgió también en Japón el cine pornográfico de bajo presupuesto “pink movies” tuvieron un gran éxito de público. En 1958 el cine japonés logró su record de taquilla los años posteriores la asistencias en las salas experimento un notable descenso.
  El primer largometraje de Suji Terayama utilizó un pequeño sistema de coproducción entre una pequeña distribuidora, la asociación de teatro artístico y una productora dirigida por el propio Terayama. Ese mismo año, 1968, otras producciones usaron ese mismo sistema la primera de ellas La ejecución  y de esta forma se puso de moda las realizaciones coproducidas por nuevos directores independientes, directores documentales y de televisión.
     En 1970 Akira Kurosawa estrena su primera película en color: Dodes' Ka-Den. Nagisa Oshima dirigió El imperio de los sentidos (1976), controvertida película acerca de la historia real de Abe Sada. Oponiéndose radicalmente a la censura, el director insistió en que la película contuviera material pornográfico explícito y, como consecuencia de esa decisión, la película no pudo exhibirse en Japón, y se presentó en Francia. Otro boom de los 70 fue el cine erótico del “amigatzu” que los estudios lo bautizaron con el nombre de “Roman-porno” dedicando toda su producción a obras de este género. 60-70 es considerado como la tercera edad de oro para el cine japonés.
     En 1980 Akira Kurosawa dirigió Kagemusha ganadora de la Palma de Oro en el Festival Internacional de Cine de Cannes. En 1985 Akira Kurosawa realizó su obra Ran. Con un presupuesto de 12 millones de dólares, fue la película japonesa más cara jamás producida. Ganadora de un premio Oscar al mejor diseño de vestuario. En 1988 Katsuhiro Otomo adaptó su serie manga Akira al anime del mismo nombre.
     En las décadas de los 80 y 90 llega la irrupción a gran escala del anime en occidente, entre cuyos principales exponentes estarían series como Dragon Ball (basada en el manga homónimo de Akira Toriyama), Saint Seiya (Los Caballeros del Zodiaco), Capitán Tsubasa (Oliver y Benji), Rurouni Kenshin (El guerrero samurai o Samurai X), Slayers (Rina y Gaudi), Neon Genesis Evangelion (del director Hideaki Anno), Marmalade Boy o Kimagure Orange Road, que permitieron el redescubrimiento del tema en occidente y que en muchos países abrieron el camino a la creación de culturas otakus propias. Así como también la masificación de las chicas mágicas como Sailor Moon y Magic Knight Rayearth.




                                        



    En la década de los 90 Takeshi Kitano se consagra como un importante cineasta, con obras como Sonatine (1993), Kizzu ritân (1996) y Flores de fuego (1997), esta última Ganadora del premio León de Oro en el Festival de Cine de Venecia.
Takashi Miike inicia su prolífica carrera, realizando más de 50 películas en una década, entre las que se destacan Chûgoku no chôjin (The Bird People in China) (1998), Audition (1999) y Dead or Alive: Hanzaisha (1999).
En la década del 2000 el cine japonés se dedica especialmente en el cine de terror Ringu (1998), Kairo (2001), Dark Water (2002), Yogen (2004); y la serie Ju-on de Takashi Shimizu son realizados en esta década como remake, alcanzando éxito de taquilla.




Escrito por: Luis David Cánovas Quiles

El cine Europeo de los años 50 y 60


La Segunda Guerra Mundial supone una brecha en la continuidad de la historia del cine. Las industrias cinematográficas se reconvierten prácticamente para apoyar la causa de su país en la guerra. Por un lado, aumenta la producción de documentales y cine informativo propagandístico, especialmente en el bando alemán, pero por otro lado, las historias de ficción también se convierten en vehículos de transmisión de las ideas que cada país defendía. Incluso en los países neutrales durante el conflicto, la tendencia germanófila o aliadófila deja sentirse en la producción de películas.

Terminada la contienda, poco a poco Europa se reconstruye, y también sus respectivas industrias culturales. No obstante, la posguerra se dejará sentir en la forma de hacer películas.

El cine europeo pasa por una situación de necesario proteccionismo por parte de los gobiernos de cada país, con el fin de poder establecer unos márgenes que permitan desenvolverse en el propio mercado ante la presencia del cine estadounidense. Es una década de transición en la que directores muy jóvenes, en su mayoría surgidos del campo de la crítica cinematográfica, desean hacer frente al cine convencional y clásico. Para eso a lo largo de la década reclaman libertad de acción y de creación con la finalidad de conseguir ayudas para financiar sus proyectos, y darán origen a unos movimientos con proyección cultural y política que fueron conocidos como la "nouvelle vague" (Francia), el "free cinema" (Reino Unido) y el "Nuevo cine alemán", entre otros, y siempre en conexión directa con lo que acontecía en diversos países americanos.

En Francia, junto con una producción en la que intervienen los directores como Jean Renoir (La carroza de oro, 1952), René Clair (La belleza del diablo, 1950) se encuentran excepciones como la de René Clément, con su singular Juegos prohibidos (1952), Henry-George Clouzot con la sorprendente producción El salario del miedo (1956), la originalidad y trascendencia de trabajo de Jacques Tati, maestro del humor inteligente y crítico como lo demostró en La vacaciones de Monsieur Hulot (1951) y Mi tío (1958), el singular trabajo de Robert Bresson que busca una ruptura en las formas a través de Diario de un cura rural (1950) y Un condenado a muerte se ha escapado (1956). La "nouvelle vague" marcará los nuevos itinerarios para el cine posterior.

El cine italiano se sostiene a partir de las películas que firman directores como Luchino Visconti que tras Bellísima (1951) y Senso (1954), abordará un cine espectáculo combinado con la reflexión social e histórica (Rocco y sus hermanos, 1960; El gatopardo, 1963; La caída de los dioses, 1969; Muerte en Venecia, 1971).

A Roberto Rosellini le interesan los problemas humanos que aborda con diverso interés en Europa 51 (1951) y, especialmente, Te querré siempre (1953). Michelangelo Antonioni profundiza en la incomunicación a través de su trilogía La aventura (1959), La noche (1960) y El eclipse (1962). Sorprende por la proyección de su obra Federico Fellini, que también vive su momento más intenso y representativo de su carrera con filmes tan completos como La strada (1954), Las noches de Cabiria (1956), La dolce vita (1958), Ocho y medio (1962) y Amarcord (1973), recibiendo varios Oscar de la Academia. En los sesenta también Pier Paolo Pasolini propone alternativas, para muchos radicales, como las de El evangelio según San Mateo (1964) o Teorema
(1968).

El cine británico mantiene vivas las líneas creativas de los cuarenta, más arropadas por la ayuda del gobierno. La comedia de los Estudios Ealing y las adaptaciones shakesperianas de Laurence Olivier convivieron con producciones bélicas y numerosas adaptaciones teatrales que habían sido éxito en el West End londinense. En estos años las películas de David Lean evolucionaban entre la sencillez de El déspota (1953) y la superproducción El puente sobre el río Kwai (1957) y Lawrence de Arabia (1962). La productora Hammer vivirá su mejor momento industrial y artístico
al abordar películas de ciencia-ficción como El experimento del doctor Quatermass (1955) de Val Guest, y especialmente, Historia de terror, en las que rescata los personajes clásicos que hiciera famosos la Universal, sólo con la diferencia que estas producciones ya eran en color. Así surgieron La maldición de Frankenstein (1957) y Drácula (1958), dirigidas por Terence Fisher e interpretadas por Peter Cushing y Christopher Lee, producciones que alcanzaron un notable éxito internacional.

El cine nórdico continuó ofreciendo excelentes trabajos, como el del maestro Carl Theodor Dreyer que dirigió La palabra (1955), una obra completa en su fondo y forma. No obstante, a partir de esta década el nombre que recordará la existencia del cine en estos países será el de Ingmar Bergman, director sueco que sorprende al mundo con una película cargada de emoción, sentimiento, tragedia y humanidad. A partir de El séptimo sello (1956) es descubierto en muchos países en los que comienzan a revisar su obra anterior al tiempo que continúan su trayectoria con otros filmes tan sorprendentes como Fresas salvajes (1956) y el manantial de la doncella (1959).

Escrito por: Iván Torres Pedraza

BIBLIOGRÁFIA:
http://recursos.cnice.mec.es/media/cine/bloque1/pag11.html